Twitter, ruido y armonía

Los que conocen Twitter desde fuera, desde lo que nos llega a través de los ecos en la prensa saben sobre todo que es un antro en combustión permanente. “Arde Twitter”, “Arden las redes sociales tras el tuit de…”. Decenas de veces nos enteramos de deslices, pifias, declaraciones desafortunadas u ofensivas del famoso o político de turno. Twitter y las redes sociales también como armas de destrucción masiva. Destrucción definitiva de la reputación por un tuit desafortunado que se convierte en viral y que se convierte en ataque y acoso sistemático y masivo. Acoso que puede empujar a la muerte, como el conocido caso de la italiana Tiziana Cantone que acabó suicidándose porque ya no soportaba más la difusión de un vídeo privado suyo de contenido sexual. Twitter como el lugar en el que se concentran los indeseables, de verbo agresivo, fanatizados (dudoso honor que comparten con la sección de comentarios de la prensa deportiva) que arremeten en manada, en jauría ante el que piensa distinto, diga lo que diga, haga lo que haga. Y esos famosos trolls, usuarios que también son personas aunque no lo parezcan, que parecen regodearse hiriendo, humillando, acosando, con razón o mejor todavía sin ella.

Twitter como puro ruido  griterío. A la lista que calamidades que genera parece que hay que sumarle ahora el de ser culpable de la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Porque las redes sociales se han convertido en el canal perfecto para propagar historias falsas con objetivo político destructivo. Así, por ejemplo, una historia del Denver Guardian atacando a Clinton consiguió viralizarse y ser compartida 570.000 veces (lo que supone muchos millones de lecturas). El problema no es sólo que la noticia es falsa… es que el Denver Guardian no existe. Sin embargo, hay que relativizar la capacidad real de impacto político de las redes sociales: si todos los contenidos que recibo en Facebook o en Twitter son a favor de Trump es porque mi círculo es favorable a Trump, al igual que yo. Y su contrario. las redes sociales tienden a reforzar la opinión, no a cambiarla.

Es totalmente cierto que Twitter tiene un problema mayor con su acumulación de usuarios con perfil anónimo con comunicación esencialmente nociva y destructiva. Jack Dorsey, presidente de Twitter reconoció este año su pésima capacidad para abordar este problema, que prometen subsanar. Compartí recientemente una propuesta de moderación orgánica del odio en Twitter: que un algoritmo nos etiquete a cada usuario en una escala 1 a 10 según el tono ofensivo de nuestros tuits. Y que sea cada usuario el que gradúe el nivel de ruido que está dispuesto a soportar cuando sale de su red de usuarios a los que sigue y se echa mar adentro en los contenidos abiertos de Twitter. Veremos.

A los que estuvieron algún tiempo en Twitter pero lo dejaron antes de 2014 hay que decirles que Twitter 2016 es ya otra cosa. Las conversaciones más insustanciales entre usuarios se fueron casi todas a Whatsapp; los tuits con fotos de situaciones personales, poco relevantes si no se es conocido directo, se fueron casi todas a Instagram. Lo que quería ser efímero ha migrado a Snapchat. Los contenidos que se comparten entre círculos cercanos están en Facebook. Vaya, se dirán, han desplumado a Twitter, y ya no le queda más que los insoportables trolls y acosadores; menudo panorama. Sí y no. Sí, porque Twitter ya no es ni jamás podrá aspirar a ser plataforma de uso universal. Parece que los directivos de Twitter se resisten a aceptar la realidad y por eso dan bandazos en su estrategia de producto. Siguen por ejemplo empeñados en promocionar a youtubers y famoseo y consecuentemente contenido normalmente banal, cuando el público adolescente ha migrado de forma masiva a Instagram y Snapchap… y se olvida de los que estamos en Twitter. Y no, porque Twitter es mucho más que un reducto de deformes sociales.

Porque Twitter no es sólo ruido, también es melodía y armonía. Lo que queda sobre todo en Twitter es análisis y comentario y compartir contenido externo. ¿Qué análisis cabe en 140 caracteres? En primer lugar, hay que apuntar que cada vez se extiende más el uso de reflexiones en tuits encadenados. Se mantiene la síntesis de idea del tuit, pero permite expandirse la articulación de razonamiento. Además, la calidad del análisis no depende tanto de la extensión como de la valía intelectual del autor. Y es en este punto dónde Twitter conserva una ventaja competitiva única: Twitter es el espacio social propio de los expertos y de los analistas. ¿Saben cuál es la fuerza principal de Twitter? Que es en esta red social en la que están activos la práctica totalidad de los periodistas, de manera masiva. Es su espacio natural, porque ellos son los principales beneficiados: a pesar de todas las críticas que recibe porque permite fácil propagación de bulos, de noticias de fuentes no fiables o no verificadas, los periodistas saben esquivar esos escollos y capturar información valiosa en el momento que nace: es su ADN profesional. Los periodistas saben encontrar información valiosa y fiable por contrastada en Twitter. Y comparten en Twitter una gran parte de ese contenido de calidad. Porque no, en general los buenos periodistas no se dedican a hacer de altavoces de sus medios respectivos. Están obligados a compartir información valiosa porque deben cuidar su propia marca personal en Twitter. Centenares de periodistas en España tienen más de 10.000 seguidores en Twitter. Lo sé porque estoy preparando un informe sobre ellos.

Mi propuesta: dele una oportunidad a Twitter. Y si ya se la dio en el pasado, dele una segunda o una tercera oportunidad. Porque si usted está leyendo este periódico y esta reflexión, tanto si es en papel como si es online, pertenece a la minoría que está interesada no sólo en informarse sino en hacer seguimiento de la actualidad y que busca profundizar para entender porqués de la actualidad. Su caja mágica está en Twitter. Para que esa caja le dé melodía, y encuentre lo que busca, información y análisis de calidad, me permito darle algunos consejos. No siga a famosos; lo son por lo  que hacen fuera de Twitter, no por sus tuits. No siga a políticos: sueltan el mismo discurso dentro y fuera de Twitter. No siga a muchos conocidos suyos; ya los está siguiendo en Facebook y allí comparten los contenidos útiles, los que son personales. No siga a marcas; no tienen nada que decir. Sea muy parco en seguir a medios; los mínimos: la prensa local y alguno otro que considere imprescindible. Y siga a periodistas. Tantos como pueda. Los del periódico, pero también los de la televisión y la radio, porque también están. Evite a los tertulianos gritones, porque también gritan en Twitter. Que el contenido que lee sea el que le ofrecen los periodistas. Porque leerá contenido relevante, filtrado, seleccionado. Y estará acompañado de sus reflexiones, de análisis razonado. Y esos periodistas le llevarán a otros periodistas y a expertos y a académicos activos en Twitter. Y a partir de allí, abra también las ventanas al descubrimiento, siguiendo a especialistas de los ámbitos más variados, que le sean de interés. Si quiere estar informado, si ama y valora el papel de la prensa, si quiere acceder a las mejores fuentes y contenidos, está a tiempo de descubrir al ya viejo Twitter. A mí me ha transformado.

Por Francesc Pujol, @NewsReputation

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Una versión reducida de este texto ha sido publicada en periódicos del grupo Vocento, el 16 de noviembre de 2016. Por ejemplo, en Las Provincias.

Foto: de la película White Noise (2005)

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