Trolls y odio en Twitter. Una propuesta de moderación orgánica de la experiencia de usuario.

Twitter irrespirable

Volví a entrar en un TT con el nombre de un personaje político. Por saber por qué se hablaba de él en Twitter. Twitter como fuente inicial de información. Con la lectura de cuatro cinco tuits vi que se trataba de controversia y del origen de la controversia. Y con esos cuatro cinco tuits regresé a mi timeline cargado con retahila de insultos, ataques y vómitos verbales de los que estaban en contra y a favor. Haterismo concentrado. Odios recíprocos en estado puro. Competición por ver quién conseguía soltar la salvajada más hiriente.

Confirmación reincidente de esos males que acosan a Twitter como plataforma que parece anegada en podredumbre y repugnancia. Sensación que experimentan tantos que se acercan a Twitter y que les hace huir con pavor. Es la reacción normal de la gente sensata. ¿Para qué navegar en un ambiente insano cuando en la vida real lo penúltimo que quieres hacer es pegarte a mamporrazos verbales con otras personas, piensen o no como tú? Mal endémico de Twitter y una de las razones del rechazo que genera en muchos noveles y el hartazgo que genera en otros veteranos del lugar (ver la salida de Guillermo Solana director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza). La fuerza de Twitter es lo que también lo hace tan agotador. Es espacio público abierto sin filtros. Podemos leer a todos. A todos. Horror.

Sin embargo, este relato lúgubre de las miserias humanas reflejadas en Twitter no se corresponde con mi experiencia cotidiana en Twitter. Primero porque la experiencia escarmentada me lleva a explorar los Trending Topics en dosis controladas y minimizadas. Y segundo, porque mi experiencia en Twitter es lo que me aporta la gente que sigo en Twitter. Y esa experiencia es maravillosa y enriquecedora, día a día. Porque sigo a gente maravillosa. Son diversas en sus visiones y opiniones, pero son comunes en saber exponerlas, argumentarlas y articularlas desde el respeto. A mí me funciona así de bien porque aquellos que no siguen estas pautas de comportamiento conversacional los dejo de seguir automáticamente. Tengo un TL purificado a mi gusto. A mi TL llegan las reflexiones sosegadas sobre el tema de turno que se grita en el TT. Con argumentos a favor y en contra, razonados. Personas con capacidad de análisis. Si son de los que piensan con las tripas, los echo.

Pero es realmente una lástima y un lastre esencial que tiene Twitter que cada vez que sales de tu TL para ver mundo, te arrepientes. Gritos.

Propuesta para un nuevo Twitter respirable y autorregulado.

Resulta que tengo una propuesta sistémica para cambiar radicalmente el ecosistema de la conversación en Twitter, y conseguir que se convierta en lugar respirable para los que quieran respirar sano, al mismo tiempo que permite que se sigan reuniendo en los antros intoxicados los que disfrutan gastando su vida tuitera en camorrismo marcarra.

La propuesta es clara y sencilla como idea: que Twitter proceda a un análisis de contenidos de cada usuario para asignar una calificación interna y privada con respecto a su perfil odiador-insultador-hater-troll. Una escala de 1 (alma bendita) a 10 (enemigo de la humanidad, asocial destructor radical).

Llevar a cabo esa calificación basada en el registro de la actividad de cada usuario es posible. Twitter tiene herramientas para hacerlo sin problema. Es seguro, porque yo también lo puedo hacer. Así, cada usuario tendríamos nuestra calificación (principalmente, por tono de nuestros tuits). Como con las películas. Incluso se puede llegar a grado de detalle en la calificación, también como algunos servicios con las películas, que dan calificación por temáticas (violencia, lenguaje, sexo, etc). Una vez que twitter nos tiene calificados a todos los usuarios, ¿cuál es el paso siguiente? No, la respuesta no es que Twitter censure a los violentos.

La propuesta es que cada usuario en Twitter tenga la manija del ruido y odio que está dispuesto a consumir cuando salga a pasear a mar abierto en Twitter. Que el nivel inicial por defecto sea 10, que es el que tenemos ahora: acceso directo sin filtros a todas las barbaridades insoportables que pululan en Twitter.

A partir de ahí, cada uno regula la cantidad de veneno que está dispuesto a consumir, ajustando la clavija personal. Quiero Twitter animado pero no odioso: escojo 5. Quiero un Twitter blanco: lo mío será un 3. Uno inmaculado: vamos a por el 1.

En función del filtro impuesto, se silencian automáticamente a todos los usuarios que tengan una calificación superior al límite marcado. Como con las películas que uno quiere ver o dejar de ver, guiado por la información de calificación. Que además se pueda reactivar a usuarios concretos a los que se quiere leer. O que los filtros estén activos por temas: fútbol, política, religión, televisión social, eventos en directo.

Efectos de la moderación orgánica de contenidos

De esta manera se convierte la experiencia que tengo con mi TL en la experiencia general en Twitter: cada uno tiene la experiencia que se merece, porque al igual que aplico un filtro selectivo con las personas que sigo, aplico un filtro selectivo con las personas a las que quiero leer en el espacio Twitter.

Ya no habría razón para llorar las miserias de Twitter. Si a uno le ofenden los ataques despiadados y sin sentido que ve, sube el nivel de exigencia reduciendo el grado de tolerancia al tono agresivo.

Eso también sitúa en la encrucijada al aprendiz de troll y al hater profesional. Si mantiene su tono agresivo va reduciendo su espacio de acción y de impacto a los amantes del ruido y del grito. Se queda encerrado en un antro de insulto permanente (sería lo más parecido a la sección de comentarios en las noticias de Marca de un Barça-Real Madrid). Algunos de ellos seguirán felices con ese submundo. Y el resto de la humanidad tuitera estaremos felices en que se sigan destripando unos a otros, porque sus espumarajos ya no salpican ni nuestro TL ni los TT ni ninguna búsqueda que hagamos en Twitter.

Pero además algunos de los macarras tuiteros conspicuos pierden su razón de ser. Algunos de ellos tienen el perfil del perverso que simplemente disfruta hiriendo. Ellos hieren sobre todo al sensato. Pero tienen nula capacidad de herir a sus colegas trolls. Muchos de los odiadores profesionales se meterían en la disyuntiva de gritar y vomitar al vacío, o de poco a poco ir moderando su agresividad para salir del segmento de odio y recuperar el de los espacios abiertos para poder ser escuchado de nuevo. La nueva dinámica llevaría a casos de “redención” interesada. Aunque no fuera real, lo que nos interesa al resto de tuiteros es que su única posibilidad de estar con los sensatos es comportarse como un sensato. Por lo que los que así lo deseen podrían tener una agradable experiencia de contenido sensato al entrar en Twitter.

Refuerza con dinámica interna la Ley Universal de Twitter: cada uno hace lo que le da la gana; cada uno debe asumir sus consecuencias.

A ver si alguno de los que leeis esta reflexión conseguís que le llegue a directivos de Twitter o a gente de desarrollo de producto en Twitter. Somos muchos los que queremos un Twitter mejor, porque Twitter nos aporta ya mucho. Pero estamos bastante saturados con los cansinos haters de Twitter.

***

Autor de la entrada: Francesc Pujol, @NewsReputation

4 comentarios en “Trolls y odio en Twitter. Una propuesta de moderación orgánica de la experiencia de usuario.

  1. Hola, yo después de muchos años en tuiter cerré mi cuenta. Dar uf a unos troles que no quería leer por nefastos con otras personas hicieron que (aún hasta la fecha, sin estar en esa red) sigan hablando de mí, inventando historias de por qué me fui, etc… vamos, una obsesión de miedo. Al submundo ese de troles no les importa gritar al vacío, son un cáncer imparable, yo simplemente me quiero lo suficiente como para no tener que lidiar (como antes) DIARIO con gente que analizaba con bisturí cada tuit mío para ver si sacaba caña y podía burlarse… cual enfermos… y sólo por dejarlos de seguir hace un año… y sin insultarlos ni nada… al parecer tienen un problema impresionante con el tema del abandono…. Yo paso de convivir con esa escoria. Saludos.

  2. Lo siento, Francesc, pero no comparto tu propuesta, que sé que la haces con la mejor voluntad, porque creo que Twitter ya concede al usuario toda la libertad y opciones para esquivar a los trolls, propios y ajenos.

    En primer lugar, cada cual elige a quién seguir (y a quién dejar de hacerlo).
    Dos. Ante un ataque irracional e irrespetuoso contra uno, se silencia o se bloquea al usuario. Que vayan a ladrar a otra parte.
    Tres. Si siguiendo una etiqueta te pasa lo que a ti, se cierra la etiqueta. Que se mortifique quien quiera.
    Cuatro. Si el usuario se pica y entra al trapo con toda la artillería, es la guerra y en las guerras no hay reglas. No le arriendo la ganancia.
    Cinco. No me gusta que los algoritmos pongan notas a la gente. Odio Menéame y dejé de usarlo enseguida por el puñetero karma, que además no impide que se digan burradas y que haya auténticas cacerías entre usuarios.
    Y seis. Si Twitter amanece ardiendo, se apaga hasta que pase el incendio o se echa más gasolina al fuego, eso depende de cada cual.

    Dejemos que cada uno se retrate sin ponernos protecciones, no vayamos a perdernos cosas que nos interesarían o que sin saberlo nos están censurando quienes mandan en Twitter. Si en la vida no hiciéramos las cosas mal no tendría ningún mérito hacerlas bien.

    Saludos

    1. Anselmo,

      Me encanta leer una bien justificada y razonada enmienda a la totalidad. Como nos leemos, sabes que no lo digo con ironía. Hace el ejercicio mucho más interesante.

      Casi nada que decir contra las piezas recogidas individualmente. Sí con el conjunto que formula, cuando lo comparo con lo que me gustaría que fuera Twitter.

      Muy de acuerdo contigo con los riesgos y lo antipático que es recibir una calificación. Más si cabe por ser calificación negativa. Pienso que lo mejor sería que fuera de acceso personal pero no público. Aunque siempre habría vías de los intensitos para intentar averiguar las notas de unos y otros. De todas maneras, las notas ya están para los que más usamos Twitter: número de RT (más que de seguidores), los personajes tuiteros que se apuntan a todos los saraos.

      Lo que tu propones (que Twitter siga igual y que por lo tanto Twitter sea el refugio de todos los haters del universo) también permitiría que lo sigas teniendo con el sistema que propongo. Twitter califica a cada tuitero, pero es cada tuitero el que decide cuanto filtro quiere poner en su Twitter. Yo propongo que el filtro por defecto sea nulo: nivel 10 de tolerancia al insulto. Tu experiencia Twitter no se vería alterada en absoluto. Y todos los problemas que planteas se desvanecerían para ti.

      Lo que yo apunto es que por un lado me parecen asquerosos ciertos pantanos de Twitter. Y en segundo lugar que eso me lleve a renunciar a buscar fuera de mi TL, cuando sé que eso es una lástima porque encontraría cosas fabulosas. Me encantaría leer cosas sobre Trump y Clinton ahorrándome las paranoias de los paranoicos. Y sobre cualquier tema. Porque la cantidad de contenido rico que pulula por ahí es inabordable.

      No entiendo que me pidas que yo deba renunciar a eso. No veo razonable que yo no pueda aspirar a tener una mejor experiencia de usuario en Twitter que no afectaría en nada a la tuya.

      Saludos,
      Francesc

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