Coherencia, consistencia (y de cómo juzgamos a Monedero en Twitter)

Retomo la Twitter-reflexión que compartí el 9 de febrero. Reputación personal y actividad en Twitter.

Muchos en Twitter mostramos mucho de lo que somos. Aunque usemos máscaras, lo que tuiteamos, lo que no, el cómo, el cuándo, dicen tanto de nosotros. También ponemos en juego nuestra reputación con respecto a nuestra coherencia. Es éste un aspecto más difícil de valorar en redes sociales, porque está ligada a la consistencia. Consistencia del que mantiene los mismos criterios y principios a lo largo del tiempo. Decir digo en el caso A y no decir Diego en el caso B. Lo dicho, más difícil evaluar coherencia porque tienes que recordar qué tuiteó en el caso A y que tuitea ahora en el B. Pero de algunos, uno se acuerda.

Lo de Juan Carlos Monedero, dirigente de Podemos y el ajuste de su situación fiscal con Hacienda es un caso especialmente goloso porque ofrece un marco de un político que propone medidas contra el sistema establecido que se ha aprovechado de los vericuetos fiscales del sistema para sacar un provecho personal. ¿Cómo reaccionan en Twitter unos y otros ante esta situación de clara incongruencia política? Lo coherente sería que el que no se quejaba de la amnistía fiscal, ni de que los ricos paguen pocos impuestos, aplauda la astucia de Monedero. No es coherente mostrar indignación incontenible porque pague menos impuestos. Solo cabe indignarse con la incoherencia de su discurso. Al mismo tiempo, lo coherente de aquel que clamaba contra el austericidio, la violencia que ejercen los defraudadores, es sin duda indignarse ahora con Monedero, sin peros ni atenuantes. No es coherente que atemperen su esperada y lógica indignación hablando de “los otros más”, de que no es ilegal o de que es acoso y persecución, si no se rechaza primero el comportamiento de Monedero.

No señalo ni pienso en nadie ahora. Pero sobre todo he leído argumentación inconsistente entre los que atacan y defienden a Monedero.

Cuando uno pierde coherencia porque cambia principios y criterios para ajustarlo a intereses personales, pueden acabar mandando intereses y no los principios. La paradoja es que el vicio de la incoherencia es el que más nos repugna y hastía de los políticos. Es duro asumirlo, pero en el fondo la clase política no es más que nuestro espejo.

Ahora en clave positiva: es una gozada toparte con gente coherente que respeta sus principios. No hace falta que piensen como yo. Su coherencia me hace confiar en ellos. Y aprendo, y escucho. Y no pido saber lo que piensan. Me basta con compartir algunos principios. A mí Twitter me descubre a muchas personas coherentes.

 

En la conversación tuitera alrededor de esta reflexión, ajusté planteamiento, especialmente gracias a los diálogos con  y . La coherencia que nace de intentar respetar y mantener ciertos principios ni supone ni excluye el inmovilismo, el aburrimiento o hasta el fanatismo. No depende tanto de la coherencia como de los principios con los que conecta. Si entre los principios que me mueven está la apertura, el deseo de conocer, aprender más, la coherencia conecta entonces con la escucha y el diálogo, y muchas veces el ajuste y el cambio de planteamientos propios. Coherencia no es enrocamiento y cerrilidad. Pero puede serlo si los criterios personales tienen demasiado claras las respuestas a todo y para todo.

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Por Francesc Pujol, @NewsReputation

 

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